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Desapego

 

Vivir sin lazos afectivos de apego

 

Los seres humanos, antes de los 5 años, formamos una relación afectiva de apego con nuestra madre.

Los diversos matices que concurren en este aprendizaje, tanto por parte de la madre como por parte del niño,

 determinan el estilo de esta relación.

Una vez puesta en marcha esta relación de apego, con ese estilo nuevo,

 propio de cada niño, queda establecido, impreso, fraguado...

y éste será nuestro estilo de apego con los demás seres humanos para el resto de nuestra vida.

Sin embargo....

.... los esquizoides se caracterizan, precisamente, por no formar esa relación afectiva de apego con la madre.

Más adelante repetirán esta pauta con todas las personas con las que se relacionen.

Este es el desapego esquizoide.

 

 

En los esquizoides, el encuentro madre-hijo para el establecimiento de la relación de apego fracasa

 y no se establece esta relación,  o bien,  el apego resultante es débil…

El desapegado no se siente unido ni a sus padres, ni a sus hermanos, ni a su familia,

 ni a su patria, ni a su tierra, o al menos este apego es demasiado débil.

Más adelante, habrá fracaso a la hora de establecer lazos con otras personas y habrá soledad.

 No se sentirán vinculados a nadie. No serán “fan” de nadie.

Al fallar el apego, las separaciones le resultarán indiferentes, al igual que los re-encuentros, o al menos,

 el grado de dolor y alegría será bajo.

 La falta de apego viene a ser un problema importante para la vida

 de un ser social por naturaleza como es el hombre…

 

Franz Kafka, escritor checo, era una persona con desapego afectivo.

Así expresaba él mismo su situación vital de desapego:

“Para mí la oficina, la Universidad, la familia y todo es un individuo vivo que me contempla,

 un individuo al cual estoy ligado

 por alguna razón desconocida,  a pesar de que me resulta más extraño

que cualquiera de los que en este instante pasan en automóvil por Ring S.

De forma que me resulta ajeno hasta lo absurdo” (Cartas a Milena)

 

EL DESAPEGO MODERADO

 

El desapego moderado puede considerarse una virtud. De hecho es una de las virtudes de los esquizoides de grado medio o bajo.

 

El apego afectivo a un país, a una familia y a un grupo, puede incapacitarnos para ver a estos grupos objetivamente.

 Desde el apego no somos capaces de ver, criticar o denunciar excesos cuando el autor es nuestro grupo de referencia.

 Cuando oímos o leemos ataques contra el grupo al que estamos unidos,

 nos sentimos incómodos y automáticamente

nos posicionamos a favor de los nuestros y rechazamos estas críticas

como si fueran críticas contra nosotros mismos.

Esta postura lleva a enquistar al grupo, pero no resulta válida para su renovación, mejora y progreso.

 

Las personas que pueden apartarse afectivamente lo suficiente del grupo

 como para poder criticarlo, que pueden vivir en un cierto desapego

 y mantener alguna distancia, pueden ver defectos y errores, pueden promover cambios.

De esta manera cada grupo necesita tener algún miembro con cierto desapego.

Sin embargo, estas personas de apego ponderado pueden ser vistas por el grupo

 como traidoras y condenadas

 con el rechazo del propio grupo. Este es un duro castigo que pocos van a estar disgustos a soportar.

 

Albert Einstein, descubridor de la Teoría de la Relatividad, alemán de nacimiento, manifestó tener

 unas relaciones de apego moderadas respecto a su patria.

Einstein censuró algunos excesos de su propio país. La Academia Prusiana de Ciencias,

 de la cual Einstein formaba parte,

 tomó conocimiento de ello con “verdadera indignación”, considerándolo un “agitador”,

mientras la propia Academia se ratificaba en su “fidelidad a la idea nacional”.

Einstein se dio de baja en la Academia Prusiana de Ciencias y en la Academia Bávara de Ciencias

 y renunció a su nacionalidad alemana.

Albert Einstein pudo hacer esto pero una persona con una relación de apego más estrecha no lo hubiera podido hacer.

 

Muchas otras personalidades, ante excesos cometidos por su propio país, suelen optar por el principio:

 “Con razón o sin razón, por mi país”.

Esto implica un apego más allá de la crítica.

 El apego moderado se manifiesta superior al apego incondicional.

He aquí una cita de Einstein, todo un modelo de desapego moderado:

 

“…mi notoria falta de necesidad de un contacto directo con otros seres humanos.

Soy en verdad un viajero solitario y jamás he pertenecido a mi país, a mi casa, a mis amigos,

ni siquiera a mi familia inmediata, con todo mi corazón.

Frente a todos estos lazos, jamás he perdido el sentido de la distancia, aunque sin lamentarlo,

de los límites del entendimiento y la armonía con otras personas.

Uno gana gran independencia respecto a las opiniones, los hábitos y los juicios

de sus semejantes y evita la tentación de apoyar su equilibrio interno en tan inseguros cimientos”

 

Página corregida en  Febrero 2012 .  Copyright (c)

 

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